A menudo, las calles pequeñas son las que esconden las historias más grandes.
La calle Cedaceros, una vía que se encuentra a medio camino del bullicio de la calle Alcalá y la solemnidad del Congreso. A simple vista puede parecer una vía de paso, sin grandes monumentos ni plazas, pero basta con rascar un poco la superficie para descubrir siglos de transformación.
Una pequeña calle llena de historia
El nombre de la calle Cedaceros proviene de los artesanos que antiguamente fabricaban cedazos, unas herramientas que utilizadas para cribar harina, grano o yeso. Estos trabajadores formaban parte de los gremios que han dado nombre a muchas de las calles del centro histórico madrileño: Curtidores, Bordadores o Latoneros.
Este tipo de nomenclaturas nos da a entender cómo se organizaba el Madrid del siglo XVII, por barrios de oficios, donde cada calle solía tener un propósito. Cedaceros era parte de ese mapa laboral que construía la ciudad desde abajo.
Algunas de las curiosidades y escenas que nos ha dejado esta vía son, sin lugar a duda, dignas de recordar. Desde pensiones frecuentadas por funcionarios del Estado en los años 30, hasta una editorial independiente que fue clave en la oposición cultural al franquismo.
Durante el siglo XIX y buena parte del XX, fue terreno de cafés y pequeños bufetes de abogados, era el lugar donde se daban conversaciones privadas y movimientos públicos de poder.

Hoy en día muchos de sus edificios han sido renovados, pero, aun así, hay fachadas que dejan ver el paso de la historia por ella: balcones de forja, portones de madera y molduras de piedra.
Durante la reconfiguración del centro de Madrid, la calle Cedaceros experimentó una ampliación de aceras, accesos a parkings subterráneos y hasta instalaciones oficiales. Sin embargo, no perdió su esencia de calle secundaria pero conectada a todo lo esencial.
Lo curioso de Cedaceros es que nunca ha buscado ser protagonista, no presume de monumentos o tiendas de lujo, pero aun así es especial. En sus pocos metros concentra siglos de la historia madrileña, del trabajo artesanal al nacimiento del poder político moderno, de la imprenta al archivo.
En el número 11 de esta calle, se encuentra un edificio que, a pesar de su discreta fachada, guarda historias y una gran actividad entre sus muros. Además, ha acogido oficinas, despachos profesionales y espacios de creación.
Hoy en día, en la sexta planta se encuentra Bloke, un espacio gestionado por Grupo Innedito, que aporta una nueva energía creativa al barrio. Con 500 m² de interior y una terraza de 220 m² que lo envuelve por completo, Bloke destaca por su estética minimalista, su diseño versátil y su capacidad para transformarse en el escenario perfecto para todo tipo de experiencias: presentaciones de marca, rodajes, shootings, reuniones o exposiciones.






